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Politica País Miércoles 27 de mayo de 2003 
ASUNCIÓN DE KIRCHNER
“Argentina le ha dado un golpe colosal a la globalización neoliberal”, dijo Fidel Castro
BUENOS AIRES. (Por Camilo Kawerín, enviado especial de momarandu.com) Lo que debía ser una charla en el salón de actos de la Facultad de Derecho, se convirtió en un acto multitudinario en las afueras de sede universitaria. El presidente cubano dijo que jamás había participado de un acontecimiento "más azaroso y emocionante" y habló por más de dos horas a pesar del frío. "Ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir al símbolo de la globalización neoliberal", dijo sobre el resultado de las elecciones.

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"Sentí gran satisfacción y júbilo cuando llegaron las noticias de un resultado electoral en nuestra queridísima Argentina", dijo el Fidel Castro, que hasta entonces había sido cuidadoso en sus expresiones sobre el país para no cometer ninguna "ingerencia" en los asuntos internos de éste.

El presidente cubano mostró así su satisfacción porque "el símbolo por excelencia, y no menciono nombre, así que nadie puede quejarse, de lo peor del capitalismo salvaje ha recibido un colosal golpe".

"Ustedes no saben el servicio que le han prestado a América Latina", señaló luego. "Ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico, que tiene como ocho mil metros de profudidad, al símbolo de la globalización neoliberal", enfatizó.

"Han insuflado tremenda fuerza al número creciente de personas en toda América que han ido tomando conciencia de qué cosa tan horrible es esa cosa llamada globalización neoliberal", sostuvo.

En oposición, recordó una idea del Papa Juan Pablo: "la globalización de la solidaridad", que el pontífice propuso en su visita a Cuba. "¿Alguien estaría en contra de la globalización de la solidaridad?", preguntó. "Solidaridad, en el más cabal concepto de la palabra: que abarque no sólo a las relaciones entre los hombres y mujeres dentro de las fronteras de un país, sino dentro de las fronteras del planeta. Y que la solidaridad la ejerzan también aquellos que derrochan el dinero, destruyen los recursos naturales y condenan a muerte a millones", agregó.

Fue el momento culminante de un discurso que Castro pronunció en las afueras de la Facultad de Derecho. Lo escucharon con atención y ovacionaron miles de personas, mayoritariamente jóvenes, que esperaron para eso desde las primeras horas de la tarde.

Docentes universitarios, en conjunto con la embajada de Cuba, habían organizado una charla en el salón de actos de esa casa de estudios para las siete de la tarde. Sólo se habían cursado invitaciones especiales y prácticamente no hubo publicidad del evento. Pero todas los preparativos fueron desbordados.

Desde horas antes de la prevista, el salón con capacidad para unas dos mil personas estaba colmado y seguía llegando gente. Para entonces, ya se había suspendido la conferencia que también iba a dar allí el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y todo hacía prever que lo mismo pasaría con la que tenía como orador al cubano.

Pasadas las siete, la confusión era general. Lo último que se dijo era que iban a proyectar el mensaje en una pantalla instalada afuera de la sede universitaria, porque en el salón de actos no se podía garantizar la seguridad del mandatario.

Sin embargo, poco después llegó el mismísimo canciller del gobierno de Cuba, Felipe Pérez Roque, a reorganizar el acontecimiento. El funcionario aseguró que Castro quería hablar y que lo haría en cuanto se encontrara un lugar para albergar a todas las personas.

Ese lugar fue la avenida Figueroa Alcorta, en el frente de la facultad. Allí también se había llenado de gente que cantaba y vivaba al líder cubano. Sobre la escalinata del edificio se montó la pantalla y una tarima.

Para entonces ya se habían hecho las nueve de la noche y todavía pocos pensaban que el mandatario de setenta y cinco años de edad desafiaría el frío del otoño porteño para hablar durante poco más de dos horas a la multitud.

En el discurso, Castro comenzó relatando los entretelones del acto. "Tengo que hacer una crítica a los organizadores: ustedes subestimaron al pueblo argentino", dijo ante la masiva e imprevista concurrencia.

"En todos los años que tengo, jamás me tocó participar de un acto más azaroso y emocionante que éste", señaló. "Esta plaza es como un sol", agregó y las alrededor de diez mil almas que lo escuchaban estallaron en aplausos y vivas.

"Tengan seguridad que millones de cubanos estarán viendo esta demostración de solidaridad", afirmó, y la multitud respondió coreando: "Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda". "En nombre de ese pueblo, se lo agradezco infinitamente".

Luego explicó que su idea original era pedirle al auditorio en la frustrada conferencia que propusiera el tema. "Pero me dicen que eso no es posible ahora", dijo resignado. Así que comenzó hablando de Ernesto "Che" Guevara: "una de los seres humanos más extraordinarios que haya conocido", dijo.

De allí pasó a resaltar la importancia de la educación y la salud con abundancia de cifras estadísticas que el presidente detallaba de memoria. Explicó que el objetivo en la isla era alcanzar una "cultura integral" que tuviera en cuenta principalmente los valores.

También exaltó las posibilidades para la comunicación que abre Internet para los nuevos movimientos sociales y habló de los avances que el gobierno cubano ha dado en ese aspecto. Precisó con exactitud el valor de los paneles de energía solar que habían instalado en cada escuela rural para poder utilizar televisores y computadoras en la enseñanza.

En todo momento se refirió a los Estados Unidos, aunque aclaró que "no hablo con odio, porque nuestra Revolución enseña a ser solidarios y no a odiar". De esa forma, diferenció al pueblo norteamericano de sus dirigentes, quienes están embarcados en la "instauración de una dictadura fascista a nivel planetario".

La comparación que causó la mayor de las ovaciones fue: "Mientras el gobierno estadounidense dice que está dispuesto a realizar ataques preventivos en cualquier parte del mundo, Cuba está dispuesta a enviar médicos a cualquier rincón de mundo". Y agregó: "Médicos, no armas inteligentes de certera destrucción".

Cerca de la medianoche, Castro finalizó su discurso con la frase que hizo famosa Guevara: "Hasta la victoria, siempre". Tras los aplausos ensordecedores, la multitud coreó "Olé, olé, olé, Fidel, Fidel..." para despedir a un símbolo de la dignidad latinoamericana.